Escapada Milos
AccesoDesde Folegandros, con Seajets, se tarda menos de una hora.
Milos
Islas Cícladas (Grecia)
Cuando decidí ir a Grecia, no imaginaba que sería tan difícil elegir las islas a visitar. Según he leído, hay alrededor de unas 6.000. Todas tienen su encanto y encontrar la combinación ideal no era evidente. Me encontré en una situación similar en Filipinas.
Finalmente, escogí ir a Mykonos, Folegandros y Milos. Mykonos, siendo una de las más frecuentadas, tenía muchas ganas de verla y vivirla. Me habían hablado de la vida que tiene la isla y me tentó mucho. Folegandros quería visitarla por virgen, justo al contrario que la primera. Quería tener el contraste. Milos la tenía entre ceja y ceja por las playas. No me decepcionó. Al revés, quizá sea la que más me gustó. Es una isla muy completa y sin masificaciones. Supongo que también ayudó que fui a Septiembre.
Venía de Folegandros y era la última isla antes de adentrarme en el caos de Atenas. Las islas están conectadas con ferrys (Seajets o NetFerry) que salen con mucha frecuencia. Existe un gran abanico de combinaciones. A mí me fue perfecto; pero es importante revisarlo antes de decidir las islas porque no todas están bien conectadas. Fui con Seajets y en menos de una hora llegué a Milos. Los desplazamientos por la isla los hice en un coche de alquiler. Existe la opción de quads y motos, pero yo no lo recomiendo.
Estaba alojada en Pollonia, uno de los centros urbanos con más encanto de la isla, concretamente en el hotelito Glaronisia. Es sencillo pero perfecto para lo que buscaba. Muy buena relación calidad-precio y un inmejorable servicio.
Lo primero que visité fue la playa de Papafragas. Son rocas que esconden calitas, cuevas y playas pequeñas monísimas. Recomiendo ir a primera hora de la mañana. La luz es espectacular y apenas hay gente. Es un lugar perfecto para disfrutar de vistas. No es cómodo para pasar la mañana, pero la visita es imprescindible. Hay dos zonas: la primera, a la que no fui, es de muy difícil acceso y la segunda es fácilmente accesible y es la que explico.
Antes de llegar a la playa de Alogomandra, no dejéis escapar un pequeño puerto llamado Agios Konstantinos. Es uno de los rincones que más me gustó de la isla. Son unas pocas casas blancas con las puertas y ventanas azules que están junto al mar. Las barquitas son pequeñas y tradicionales. Es un sitio idílico. No hay ni un turista. Todo es gente local y nadie habla inglés. Me transmitió mucha paz y me hubiera quedado horas. A destacar la iglesia que hay en la parte superior del pueblo. Son todas muy similares: minis y muy bien cuidadas. Son monísimas.
Alogomandra es una playa grande y solitaria. Arena blanca y agua azul turquesa. No tiene servicios ni gente. Es un buen sitio para pasar un rato al sol y disfrutar de la maravillosa agua transparente de la zona.
Siguiendo por la carretera de la costa, pronto se llega a Sarakiniko. Probablemente, es uno de los lugares más visitados y donde se encuentra más gente; pero la visita vale la pena. En la misma carretera de acceso ya encontraréis muchos coches aparcados y una furgoneta donde venden helados y refrescos. Es decir, es una zona sin servicios y bastante frecuentada. El paisaje es bastante diferente a todo lo que he visto hasta ahora: ¡es una zona rocosa blanca con agua de color azul turquesa! Hay zonas muy erosionadas y las rocas cogen formas redondeadas fascinantes. He leído que son restos de lava, pero no lo sé con certeza. Muy curioso. Hay una piscina natural en la que la gente se tira desde las rocas altas. Realmente, las formaciones naturales de ahí son espectaculares.
Muy cerca se encuentra Mandrakia. Visita obligadísima para los que buscáis la esencia de Milos. Caminé por todos los rincones y me pareció maravillosa. Aquí vi los pulpos colgados al sol, las syrmata (casas donde los pescadores guardan sus cosas con las puertas y ventanas de madera) junto al mar e incrustadas en las rocas, barquitas monísimas y agua cristalina. Realmente, Mandrakia es una postal de colores del Mar Egeo. En pocos sitios he tenido tanta sensación de tranquilidad como aquí. No tuve la oportunidad de probarlo, pero los locales me recomendaron el restaurante Medusa.
Nadie puede marcharse de Milos sin visitar sus famosas Catacumbas. Es una red de tumbas subterráneas de los siglos I y V. Son de las tres más importantes de los 74 descubrimientos en el mundo, junto a las de Tierra Santa y Roma. A pesar de ser una interesante visita, me pareció muy corta. No sé si porque es pequeña o porque no está abierto al público. Aún se pueden ver inscripciones en las paredes, incluido el Monograma de Cristo y el símbolo ecuménico cristiano "ΙΧΘΥΣ", agujeros por las lámparas y un par de tumbas de bebés. Fueron utilizadas por los primeros cristianos con finalidad de entierro y, posteriormente, como lugar de culto y refugio. Dicen que, no muy lejos de aquí, es donde un campesino descubrió la Venus de Milo en el siglo XIX; por eso hay una réplica de la estatua del 2022. La original está en el Louvre de París.
Y, la última visita y cómo no podía ser de otra manera: Kleftiko. Es uno de los rincones imprescindibles a visitar de la isla. Sólo se puede llegar en barco. Contraté la excursión de medio día con "Zephyros". El punto de encuentro es el restaurante "Tarantella" de Agios Sostis Beach. El barco bordea la costa suroeste regalando vistas brutales de los acantilados blancos, las múltiples cuevas y el agua azul o verde dependiendo del rincón. La excursión en sí ya vale la pena; pero también os digo que bañarse en Kleftiko es maravilloso. Es el destino estrella de Milos.
Es una isla muy completa con playas espectaculares, formaciones rocosas únicas, restos arqueológicos y buena gastronomía. ¿Qué más se puede pedir?
Si necesitáis y/o queréis ayuda en la organización de la escapada, ¡no dudéis en enviarme un mail!
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